Comentario de Isidro Carpio al escrito de un amigo

Este no es el tipo de escritos que habitualmente colgamos en nuestra Web, pero le he pedido permiso a su autor, porque también es necesario que además de la crítica política, algunos sepan que los corazones de la gente de izquierdas también padecen, sufren no solo ante las injusticias, sino que nuestro humanismo es real sin prejuicios, y que  los sentimientos los tenemos a flor de piel.

 A veces cuando lees un escrito, y aunque no sepas el porqué del mismo, te llega, te hace vibrar. Este escrito de un veterano amigo en el socialismo, un compañero en la UGT  y un republicano de corazón, me ha generado un nudo en la garganta y a mi mente ha hecho llegar una gran ola de miedos a lo desconocido, sentimientos y emociones, gracias Jorge, no se puede describir con mejor sencillez el amor por los tuyos, y en las pequeñas cosas que impregnamos con nuestro cariño. Un abrazo

 

10340134_10205417593151501_6395252979246274948_nCUANDO YO ME VAYA

Cuando yo me vaya, no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma. Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido. Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado. Ponte mis camisas, mi sweater, mi abrigo y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas. Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas. Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros. Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba. No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado. Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha. La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más. Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa. Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado. Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme.

Jorge Fulla Xauet