LAS VIUDAS

pantalla_rota_En la vieja y bárbara tradición hindú a las viudas se les obligaba a seguir a sus difuntos maridos hacia el más allá; por el contrario, en España a las viudas, aparte de meterlas bajo mil sayas negras, se les asignaba el no siempre grato papel de “conservar la memoria” del difunto, y aunque el finado hubiera sido un golfo o un truhán, la viuda debía transmitir a sus hijos, allegados y vecinos el recuerdo de un “santo varón”.

Este excurso viene a cuento de lo que está pasando con las televisiones que Zapatero “regaló” a sus amigos. Recordémoslo:

Con el impagable apoyo de Jaime Roures y teniendo como muñidor presidencial a Miguel Barroso, Zapatero pretendió hacer lo mismo que había hecho Aznar (montar un grupo mediático a su servicio) y se inventó La Sexta, a la cual Roures añadió un diario en papel, Público. Como compensación o como premio de consolación, Zapatero otorgó una concesión en abierto a favor de PRISA que lo venía reclamando desde hacía tiempo. Esta nueva cadena de PRISA recibió el nombre de Cuatro.

Antes de que Zapatero hiciera mutis por el foro en noviembre de 2011, su operación mediática ya había sufrido el más estrepitoso fracaso y La Sexta había acabado en manos del Grupo Planeta, propietario de Antena 3, La Razón y Onda Cero y Cuatro fue vendida por PRISA a Mediaset, el grupo de Berlusconi que dirige Vasile.

¿Y qué ha pasado desde entonces?

Pues que los nuevos dueños, que son muy “listos”, han dejado, respectivamente, a La Sexta y a Cuatro como segundas marcas o marcas blancas en las manos de quienes ya estaban, es decir, en las manos de las viudas del difunto Zapatero. ¿Con qué fin? Probablemente con el objetivo de fidelizar a una audiencia compuesta por una sedicente izquierda en verdad algo zombi.

Y en estas condiciones, lo mejor que se les ha ocurrido a las viudas es “echarse un nuevo amor”. De izquierdas, eso sí: los de Podemos, y ahí los tenemos ocupando espacios y altavoces de tal suerte que en pocos meses pasaron de no ser nada al millón doscientos mil votos que obtuvieron en las elecciones europeas. Pero ¿qué pretendían las viudas con semejante apuesta? Pues inventarse, primero, y luego apoyar a quienes quieren pasar a cuchillo al PSOE de Pedro Sánchez.

Un servicio, éste de las viudas, que habrá que agradecerles eternamente en nombre de la Democracia y del Socialismo.

Joaquín Leguina