LA MALETA DE CARTÓN

maletaA tenor de las declaraciones de una empresaria, al más puro estilo fascista donde los haya, me viene a la memoria  la novela de Miguel Delibes, Los Santos Inocentes, magistral relato ambientado en los años sesenta de aquella España en blanco y negro, callada, sometida, con nauseabundo olor a injusticia, a silencio, a muerte, a rezos que cubrían a modo de castigo dando un continuo mensaje de escarmiento divino a las víctimas, únicas culpables y merecedoras de sus desgracias, “el amo”, el bueno, el todopoderoso que se sacrificaba un poco de su tiempo para regalar el menosprecio, el odio, la maldad producto de una baja calidad humana vestida de opulencia a costa de su capital ganado por el lomo ajeno, el señorito, el opresor, el asesino de libertades, de derechos, de ilusiones, de esperanzas, de justicia.

Aquella España de éxodo a lejanas tierras en busca del sustento, maleta de cartón en mano con pobres y escasos ropajes que albergaba entre sus huecos la pena de abandonar la tierra, sus costumbres, sus familias, sus frustradas ilusiones, el miedo a lo desconocido, la esperanza de mejorar para volver con los suyos, para volver a la tierra que llamaba con desgarradores gritos ahogados en el recuerdo como un niño acongojado por volver a los brazos de su madre.

Volver, volver a España, entonces se podía decir España sin más connotaciones que el deseo de una vida digna, rescatar de las cenizas la patria de todos y cada uno. La patria robada con violencia, muerte, escarnio, hambre y miseria.

A golpe de miedo, el dictador y los suyos hicieron de España su particular finca, inyectada la ideología día a día, se apropiaron también de su nombre, España, como amos y señores hasta nuestros días, ahora al cobijo de una democracia hábilmente manipulada para intereses partidistas, de forma que declararse español puede no ser un orgullo para los contarios al régimen y al fascismo, de tal manera que se convierte en un adjetivo despectivo, otorgando así más holgura a un dogma que se adapta sin cambiar en el transcurso del tiempo.

En la actualidad cientos de jóvenes se van en busca del futuro que aquí se les niega, la maleta ya no es da cartón, de materiales y colores varios se pinta una cruda realidad.

El progreso y las nuevas tecnologías parecen acortar la distancia, en muchas ocasiones la misma distancia que antaño hicieron abuelos y/o padres, pero se van, esa es la realidad, se van y con ellos el futuro inmediato en un retroceso en el crecimiento de un país que ve como la población envejece con cargas cada vez más pesadas y con una infancia que sale mal parada, en riesgo creciente de empobrecimiento a tenor de los datos de Save the Children 2,8 millones de niños en situación de pobreza y exclusión social, en 2012, último año del que hay estadísticas.

Que empresarias lance frases a modo de queja, de que la ley obligue a pagar un salario mínimo a trabajadores “aunque no valgan para nada” la hace merecedora de los mismos calificativos propios de sabandijas ávidas de sangre y añoranzas de un tiempo no tan lejano. Confió que no será galardona con ninguna medalla o distinción similar, ese honor es posible que la Ministra Báñez con su ineptitud manifiesta, se lo otorgue tal vez a San Pancracio, santo dicen de la salud y el trabajo, o tal vez considere que con un viva San Pancracio es suficiente.

María Marcos
Secretaria de Organización
PARTIDO SOCIALISTA