¿CÓMO PODEMOS SOPORTAR TANTO RUIDO?

Ruido, mucho ruido en los titulares de prensa, en tertulias televisivas, en las emisoras de radio, en los mercados, en los bares y en la calle.

Ruido de poder exprés y absoluto sin matices ni titubeos, a ratos y en temas de su interés. No hay tiempo, el día es corto y la cuenta atrás empezó inexorablemente hace unos días, o tal vez hace tanto tiempo que poco importa ya el repaso de la historia, la reciente y la añeja, a menudo tergiversada y silenciada para el acomodo del actor principal del momento.

Ruido de sables, perdón, ruido de un inminente choque de trenes, ahora se dice así, es más políticamente correcto, más de acorde con los nuevos tiempos, un tren hace más ruido, tanto es así que amortigua el eco  metálico del ruido de un sable. Bastaría con cerrar por un momento la ventana actual, cerrar los ojos y recordar quien perdió entonces, nos daría una esclarecedora idea de quien está perdiendo en la actualidad.

Ruido de verdades a medias que hacen de la mentira un nauseabundo, repugnante y mísero arte para perpetuar el engaño.

El ruido de la lluvia me apartó de ti y me he quedado solo, cantaba José Luis Perales, permítanme esta pincelada aun a riesgo de parecer cursi, poner un poco de música a los maquinistas no estaría de más, en el mejor de los casos reducirían la velocidad  vertiginosa, en pro de evitar el conato de choque de trenes, si son inteligentes, sino todo seguirá igual.

Puestos a poner pinceladas al asunto para no pintar blanco sobre blanco, se me antoja que estos trenes en realidad son uno, es un largo tren que circula por un camino de hierro con pendientes pronunciadas y de curvas sin contra carril que auguran una salida de vía, donde además la niebla existente del oportunismo no deja ver los vagones y mucho menos a los pasajeros. La libertad ansiada es la víctima del traqueteo del tren cada vez más intenso, mientras aún no sabe la estación de destino.

En este momento me permito salir a la plataforma entre vagón y vagón con mis pensamientos y un cigarrillo en la mano, de repente me doy cuenta de que mi insensatez podría ocasionar daños al medio ambiente por un descuido con mi cigarrillo, al instante me doy cuenta de mi irresponsabilidad, mientras tanto, mi pensamiento se pregunta, a que es debido que nuestro representantes políticos tengan tal osadía en poner en riesgo la convivencia de los ciudadanos, es decir, hacer descarrilar el tren y no llegar ningún sitio, o sencillamente esta parafernalia es para no llegar a nada y que todo siga igual. Esto sí que asusta. Ruido y más ruido para tapar la realidad que nos engulle.

Creo en mi modesta opinión, que los políticos deberían ser conscientes  del peligro que nos hacen correr, haciendo ciertos viajes que no nos conducen a ningún sitio, para los cuales no hemos comprado billete. Los políticos deberían de ser honorables para con los ciudadanos y para con sigo mismos. Los ciudadanos ya soportamos estoicamente otras decisiones como la reforma laboral, reducción de sueldo, apretarnos el cinturón en función de las corruptelas que estos permiten, cuando no son ellos mismo los interesados o tutelan las mismas.

¿Qué pasó con el Estado de bienestar?

¿Ruido y más ruido?

María Marcos González
Seretaria de Organización
PARTIDO SOCIALISTA P.S.